RECUERDO QUE los domingos en mi casa siempre había que leer. Mi padre se sentaba en el sillón, cruzaba las piernas, se ponía las gafas y abría el diario. Recuerdo que no se despegaba de las páginas. Yo no entendía qué tanto encontraba en aquel territorio de letras tan pequeñas y asuntos importantes.
Titulares ingeniosos y las fotos hicieron que me anime a hojear los diarios un rato de cada domingo. Todavía era un compendio extraño e interminable de novedades, yo comenzaba la lectura en la sección Deportes (hasta ahora). Allí las personas eran leyendas y los partidos luchas épicas. Ponerle un nombre a los sucesos era un arte que me hechizaba. A la vez, comprendí que estaba leyendo lo que pronto sería historia.
Era la historia en tiempo presente. Los periódicos que no leí fueron historias que permanecerán olvidadas hasta que encuentre y abra los libros correctos. Por ejemplo, la literatura indigenista que pienso que está dormida y quiero resaltar en este espacio. López Albújar, Ciro Alegría, José María Arguedas y más tarde su amigo Mario Vargas Llosa: representantes de la narrativa peruana del siglo XX.
De ellos, olvidados por las masas, tratará este blog. La literatura peruana del siglo XX, su reflejo en la actualidad y presentaciones de libros que merezcan la pena y la alegría. Publicaré a manera de mini-ensayos, cuando pueda habrá videos. Espero que no se duerman, como es que termina la historia de mi viejo. Pues me acercaba a él y removía el diario con mi mano, comprobaba que mi padre, periódico sostenido, se había quedado dormido.